El Real Madrid cosechó una victoria de lo más emocionante en el Santiago Bernabéu frente a un Getafe que supo plantar cara pero no aprovechar su ventaja. Una vez más, los de Juande Ramos demostraron su debilidad en el trato del balón y, por contra, su fortaleza como equipo y bloque. Los madridistas notaron mucho la baja de un Lass Diarra que, cuando no está presente, provoca que el sistema se descompense y sufra en los contraataques. Sin embargo, el Real Madrid, como siempre, sacó el todo de la nada y demostró el coraje de una plantilla que viene comportándose así desde los tiempos de Fabio Capello. Dicho de otra manera, se puede decir que el partido frente al Getafe lo ganó la camiseta blanca que lucían los Higuaín, Guti, etc. Porque el Real Madrid pareció muy pequeño en juego y muy grande en lo que más le caracteriza: la determinación.
Si alguien refleja esa mezcla de coraje y determinación ese futbolista es Higuaín. Arrimaron el hombro los jugadores de la casa (Raúl provocando la falta del gol de Guti, el propio centrocampista madrileño y Casillas deteniendo el penalti burlesco de Casquero), pero Higuaín cogió la sartén por el mango. Empató el encuentro al terminar el primer tiempo con un gol de futbolista peleón y rubricó la remontada con un tanto sensacional, unión de calidad, rabia y compromiso.
Al argentino le falta por progresar un poco más y muy probablemente lo hará en el Real Madrid; pero tiene madera de jugador de primer nivel. Higuaín entiende el fútbol con calidad francesa y con corazón argentino. Le falta regularidad en su juego, pero condiciones para triunfar tienen y le sobra. Además, él es consciente de ello y ostenta unas cualidades mentales dignas de un jugador del Real Madrid. Así se explica su ansia de éxito, la del 20 del Real Madrid que siempre busca la pelota cuando se necesita un gol que cambie la situación por completo. Higuaín se ofrece en los momentos más criticos y, sobre todo, no le tiembla el pulso. Así es como fue capaz de regatear en carrera y definir de un zurdazo en pleno final del partido y con un Bernabéu llamado a la épica.