Robben vive momentos agridulces en el Real Madrid. El holandés está contento porque parece que, por fin, ha dejado atrás su calvario de lesiones y se aleja de ese jugador de cristal que había sido desde que salió del Groningen. El extremo del Madrid ha demostrado en los últimos meses su mejor versión en muchos encuentros, pero el reconocimiento hacia él ha sido muy ambiguo. Al principio él sólo encarrilaba y determinaba los partidos de su equipo, pero su ausencia en los encuentros frente a Betis y Sporting, en los que el Real Madrid goleó, sembraron las dudas sobre su importancia en el terreno de juego.
Juande Ramos y algunos de sus compañeros criticaron públicamente el estilo de juego del holandés, calificándolo de demasiado individualista. Sin embargo, ayer en San Mamés, Robben volvió a ser determinante con una carrera por la derecha que acabó en un expléndido gol. Da la sensación de que su equipo critica su individualidad cuando sale mal, pero a la vez están tranquilos de tenerle en el terreno de juego para que deje el partido de su lado. Algo parecido a lo que le ocurría a Rivaldo en su etapa final en el Barcelona.
Lejos de ese punto de vista, es importante que el Real Madrid asuma el papel de Robben y la necesidad, más aún, de tener algún jugador más de su estilo. El club blanco ha salido de la Liga de Campeones por la falta de jugadores determinantes, de futbolistas a los que sus compañeros les buscan. Y por mucho que critiquen a Robben, en el campo es latente que sus compañeros buscan al holandés porque encara sin miedo y siempre ofrece una propuesta en ataque, aunque sea individualmente. Hacen falta jugadores así por el bien del espectáculo y de los equipos. También Maradona era así o más individualista, y Messi más de lo mismo.