Punto muerto en la trayectoria de River Plate. Los “millonarios” no saben qué ocurrirá ahora que “el Cholo” Simeone ha dejado el banquillo del Monumental. Ya no hace falta un técnico que levante un proyecto ilusionante una vez más; ahora el reto es mucho mayor. Se necesita alguien con la paciencia y la confianza suficiente para encarrilar a un River Plate que no conoce la victoria en los últimos doce encuentros y que es colista del Apertura argentino. Quedan cinco encuentros para levantar, por lo menos, la dignidad. River Plate no se hizo para ser colista y no puede permitírselo.
La marcha de Simeone deja muchos interrogantes. El primero de ellos es su salida: lejos de ser despedido con indiferencia o con mal gusto, parece que “el Cholo” no ha dejado mal sabor y tanto prensa como aficionados y jugadores destacan su manera de actuar y para nada la culpan de la situación. No van mal encarrilados: seguramente José María Aguilar tendría que asumir que es el mayor culpable de esta situación. Después vienen los jugadores, esos que han hecho que la clasificación parezca un espejismo.
River Plate necesita remodelación. Hacen falta nombres y talento. Hay jugadores que pueden explotar, pero no hay jugadores que resuelvan torneos o partidos trascendentales. Falcao, Buonanotte, Abelairas… grandes jugadores que no pueden asumir responsabilidad. Hace falta remodelar y evitar a jugadores que no pueden ser imprescindibles en el once: Tuzzio no puede durar toda la vida, Cabral ha hecho méritos para el banquillo y Ojeda ha perdido la confianza. Mucho trabajo queda en River.

River… Millonarios… Gallinas… El vetusto Monumental… El monumental Monumental… Aguilar.
La afición millonaria, uno de estos días (no sé como no se han amotinado tras las plateas de la cancha de River), revienta. Sólo tengo una historia real que relatar de una tarde en la cancha de River. Desde aquella fría tarde bonaerense, mi corazón es millonario (mi cartera, ya lo siento, no).
Volvamos a Aguilar.
Hace justo un año, disfrutaba de las deidades de un país que llevo en mi corazón, probablemente desde que soy espermatozoíde. No puedo explicar la causa. No tengo ancestros argentinos, Valeria Mazza estaba octava en mi ranking adolescente de modelos, ninguna mina robó mi corazón en la pubertad… Creo que el sonriente sol centrado en la albiceleste se adueño de mi apenas miré la bandera argentina.
El taxista nos acerca justo hasta la entrada de la cancha de River. El partido ha comenzado, están cerrando las taquillas. River vive su último partido del torneo apertura dirigido por su director técnico Daniel Passarella. (Si antes de las Navidades, no puedo disputar un título para River, dejo mi cargo, renunciando integramente al sueldo). La semana anterior, River, perdía las semifinales de la copa Sudamericana contra Arsenal de Sarandí, allí, en Nuñez, en su estadio, en el Monumental. Dos cero a cero y una bochornosa tanda de penales. Nor revenden unas entradas (el taquillero nos envía al reventa alegando que las taquillas sólo venden boletas para abonados) prohíbidas para la venta. Nos hacen pasar por unos rodillos que no son los que las entradas marcan. Las plateas que nos corresponden están cerradas porque la afluencia de seguidores a la cancha es algo más de la mitad. River juega en casa contra Colón de santa Fé. Los borrachos del tablón de la catorce dan calor al resto de plateas. Cantan durante los noventa y cinco minutos que dura el embite. La platea de san Martín, murmulla cada vez que el medio centro millonario pierde un balón. Buonanotte gambetea, pero no logra zafarse de la defensa de Colón. Colón marca el cero a uno. La cancha entera se pone en pie. Alza el brazo derecho al viento y comienza a agitarlo, libre, al viento a la vez que canta al unísono: “Sos de River, sos sos, de River sos… Tenés que ponerle más huevos, ponerle un poco más de huevos, …”. Algo que se vuelve a repetir, cuando el árbitro señala el camino al tunel de vestuarios. Cuando los millonarios salen a la cancha para la reanudación… el mismo cántico de nuevo… El árbitro anuncia el inicio de la segunda parte. Los canticos pasan a ser cantitos de aliento de la hinchada a su equipo. Cincuenta minutos sin decaer, cincuenta minutos alentando a un equipo roto. Colón sella el partido con el segundo. Nosotros, sentados en las plateas de aficionados de River, debemos aguardar en las vomitaderas del estadio durante media hora. Es lo que estiman los anti disturbios que tardarán en desalojar a la hinchada de Colón. Esa media hora, ahi, esperando, escuchando a la gente opinar sobre el estado de ánimo del equipo, sobre el carácter agrio de Pasarella, sobre que los chavales le temen y así no se puede pedir confianza a la plantilla, se tornó tensa. Se mascaba tensión en el coliseo riverplatense. Una voz, salida de la platea inferior a la que nosotros nos encontramos comenzó a cantar… “Se va a acabar…se va a acabar… la dictadura de Aguilar… se va a acabar… se va a acabar… la dictadura de Aguilar….” La gente comenzó a bajar por la escaleras que llevan a las bocas de salida de la cancha. Los anti disturbios tomaron posiciones, bajaron cascos, formaron piña… nosotros tratábamos de salir como alma que lleva el diablo de ahí… se preparaba gorda y nosotros eramos únicamente “gallegos” de Aragón, de vacaciones en Argentina… Mirada al suelo y paso ligero, y nos esfumamos de la cancha de River tan rápido como pudimos, rumbo a la Avda. de Mayo, donde nos esperaba una ducha en el Hotel, una cena “española” en pleno centro bonaerense, junto al Pináculo de la Nueve de Julio, y sueño merecido tras patear El Caminito, El barrio de la Boca, La Bombonera, taxi hasta Nuñez, partido de River, y miedo ante la respuesta antidistúrbica de la policia bonaerense.
Todo ésto, lo saco a colación, porque hace justo un año, Aguilar estaba en el punto de mira de la hinchada millonaria. Llegó Diego Pablo “que lindo” Cholo Simeone y los aupó hasta el Clausura. y de nuevo, Seis meses después de la gloria, de nuevo al pozo de la clasificatoria. Aguilar, decía aquella gente, es un mafioso que está chupando la sangre de River, y mientras no salga del cargo, River seguirá siendo una montaña rusa a toda velocidad, que si en algún momento pierde el control, el carro saldrá volando hacia un pozo difícil de salir, puesto que la velocidad con que en River se están sucediendo las cosas, debido a este tal Aguilar, es síntoma de que el fútbol es lo que mueve los intereses de éste, Aguilar, el verdadero cáncer de River.
Nos vendría muy bien alguien como tú en el foro, de verdad.
Me ha gustado mucho la crítica a Aguilar, yo también desconfío de él.
un saludo!